Imagen a partir de la portada de "La mujer singular y la ciudad" de Vivian Gornick en edición de Sexto Piso.

La amistad según Vivian Gornick

¿De qué está tejida la amistad? Es más, ¿necesita la amistad algo sobre lo que ser construida? En La mujer singular y la ciudad, Vivian Gornick se da una vuelta por el barrio con su amigo Leonard. Al paso, salen importantes y curiosas consideraciones sobre esta relación singular y sobre la amistad en general.

La mujer singular y la ciudad, de Vivian Gornick, en edición de Sexto piso y traducción de Raquel Vicedo.
La mujer singular y la ciudad, de Vivian Gornick, en edición de Sexto piso y traducción de Raquel Vicedo.

Hay quienes aprovechan cualquier excusa para hablar de sí mismos, Vivian Gornick se aprovecha a sí misma para hablar de cualquier cosa. Si en Apegos feroces los modelos de su madre y de la vecina le servían a la escritora para dibujar dos perfiles de mujer y dos maneras de estar en el mundo, esta obra editada por Sexto piso, le sirve a la autora norteamericana, uno de los nombres esenciales del feminismo, para reflexionar sobre la amistad. Lo hace en primera y en segunda persona. En La mujer singular y la ciudad hay un yo y un tú con el que Vivian Gornick sale a pasear por el barrio, como anteriormente lo hizo con su madre en Apegos feroces. En esta ocasión, su interlocutor es su amigo Leonard, “un gay inteligente e ingenioso, sofisticado en lo que respecta a su infelicidad”. La disección que sobre esta amistad hace la autora llega pronto: en la primera página afirma que ambos comparten “la política del daño”, la sensación interior de “haber nacido en una injusticia social preestablecida. Nuestro tema es la vida no vivida. La pregunta que ambos nos hacemos es: ¿habríamos inventado la injusticia si no hubiera estado ahí ya – él es gay, yo soy la Mujer Singular– para regodearnos en el agravio? Nuestra amistad se centra en esa pregunta”.

La disección que, sobre su amistad con Leonard, hace Gornick llega pronto: en la primera página afirma que ambos comparten “la política del daño”, la sensación interior de “haber nacido en una injusticia social preestablecida. Nuestro tema es la vida no vivida”

Tres tipos de amistad

La cuestión abre un sinfín de nuevas preguntas: ¿son las amistades “temáticas”? ¿Necesitan un algo exterior que las centre, las defina y las rija? ¿No se sostienen por sí mismas, con los pilares de quienes se consideran amigos y sus infinitas particularidades?

En la Ética a Nicómaco, Aristóteles registra tres tipos de amistad: la primera sería una accidental, en la que parece existir un “algo” ajeno que los amigos comparten y disfrutan. “Entonces, cuando se quiebra el motivo de la amistad esta también desaparece”. Escribe que es un tipo de amistad que a menudo se da entre “mayores” y la contrapone a la de los jóvenes, apasionados y cambiantes como lo es también la amistad entre ellos: “por eso, tan rápido como se hacen amigos dejan de serlo”. Para el filósofo, la amistad perfecta se da “entre los que son buenos e iguales en virtud”.

Hacer hueco, buscar hueco y el ciclo de la amistad

Aristóteles ya avanzaba en esto de la clasificación de los afectos, pero para los seres binarios, Gornick tiene una imbatible. “Hay dos tipos de amistad: aquellas en las que las personas se animan mutuamente y aquellas en las que las personas deben estar animadas para estar juntas. En la primera categoría, uno hace hueco para verse; en la segunda, uno busca un hueco en la agenda”. Las segundas, más tarde o más temprano, están condenadas a la extinción, lo cual no dice nada en detrimento de su calidad; lo único que hace es subrayar lo rápido que el ser humano se apresta a olvidar su mortalidad. Con frecuencia, el hecho de olvidar u obviar la propia muerte hace olvidar u obviar o rechazar la posibilidad de la muerte de los afectos. No se trata de ser un cenizo, sino tan solo de tener memoria.

“Hay dos tipos de amistad: aquellas en las que las personas se animan mutuamente y aquellas en las que las personas deben estar animadas para estar juntas”

Sobre el ciclo de la amistad, como si fuera el ciclo de la vida, Gornick tiene interesantes páginas. Más bien se refieren al ciclo de mantenimiento de la amistad. Viene a ser algo así: después de una cita, pasan algunos días tras los cuales aparece un recordatorio: “tengo que…”. Desde que esto ocurre hasta que la orden se materializa Gornick habla de “falta de coraje”, “tedio” o “voluntad paralizada”. El tiempo que transcurre en ese proceso puede dar una pista del adjetivo que se le puede otorgar a una amistad: “Leonard y yo nos consideramos amigos íntimos porque nuestro ciclo solo tarde una semana en completarse”. ¿Cuánto tarda el tuyo?

El poder de la conversación

Además de la duración del “ciclo de la amistad” otra pista que da el libro de Gornick sobre la calidad de la relación es la marcha de la conversación. Propone o recuerda que “además del sexo, la forma de conexión más vital que existe es la conversación”. Eso explicaría que muchas veces, incluyo compartiendo contexto social, económico y vital dos personas no se entiendan, “no estén en la misma onda” se dice. Es cierto. Lo recuerda la autora para quien esa conexión es, sobre todo, cuestión de temperamento mucho más que de “intereses, ideales o determinadas preocupaciones por la lucha de clases (…): es lo que hace que alguien responda instintivamente con un apreciativo: ‘Sé exactamente a qué te refieres’ en lugar de con un combativo: ‘¿Qué quieres decir con eso?’”.

“Además del sexo, la forma de conexión más vital que existe es la conversación”, escribe Gornick

Mientras camina con su viejo amigo Leonard, Gornick propone una reflexión original sobre la amistad y la va enriqueciendo al paso de anécdotas personales, imágenes, diálogos, recuerdos y sugerentes píldoras reflexivas. El resultado es un un mosaico narrativo, un reflejo del puzle vital en el cada uno encuentra su lugar al roce con los demás.

Publicado por

Pilar Gómez Rodríguez

Periodista cultural. Escribo sobre filosofía, literatura, arte en el portal www.filco.es. Anteriormente vi nacer, crecer y morir a la revista "Filosofía Hoy", donde era redactora jefa. Colaboro con revistas como “La aventura de la Historia”, “Descubrir el Arte” o “Diseño interior”. También he publicado los libros de relatos "Siete paradas en el país de las sombras", en Edaf; "La carretera de los perros atropellados" en Xorki; y la novela "La otra vida de Egon", en Gadir.