Hay que cerrar… Palabras tras la muerte de Pedro Sorela

Me rodeó la misma sombría tristeza y casi desolación que a ti, si es que fuiste alumno (o alumna, que se dice ahora) de Pedro Sorela, al saber que había muerto el pasado mes de abril. ¿Tan pronto? ¿Por qué? Como si morir necesitara explicaciones. Volví a su blog a leer la última entrada, comenté con algún amigo, repasé alguno de sus libros que andan por casa… Rituales. Y sin embargo… Despedida errada. Herida mal cerrada.

Pasadas dos o tres semanas volví al blog como cuando uno llama al teléfono de una casa a sabiendas de que nadie nunca más lo cogerá. La evidencia necesita también sus comprobaciones, sus comprobacioncitas, para calmar más que el ánimo, el desánimo. Allí había una nueva entrada. La firmaba su hija, una hija a la que no conocimos más que de oídas (en alguna clase Sorela advirtió de lo inclemente que era el trato con niños pequeños –y hablaba de ella– especialmente cuando estos no querían comer). Ella quería y necesitaba despedirse. Y lo hacía de una forma sincera y bella, si es que ambas cosas no son la misma. Seguro que le hubiera gustado encontrarse el blog actualizado nuevamente sin tener que hacerlo ella; igual volvió en alguna ocasión para comprobar (como yo había hecho) si aquello seguía en el mismo lúgubre punto.

Lo hizo ella, que seguramente lo necesitaba. Lo cerró ella y yo me sentí agradecida y aliviada, de modo que quiero hacer lo mismo hoy, 30 de mayo de 2018, que justo se celebra un homenaje en la Universidad. Este es un homenaje (vaya palabra fea, pero claro, él nos enseñó a ver las palabras con los ojos y a tocarlas y sentirlas con los dedos, así que qué queréis…) sin vocación. Más que homenaje es un cierre silencioso y discreto. Una despedida, una clausura, un lugar donde poder no volver. Una especie de descanso.

La última vez que tuve contacto con él le mandé una tarea (a él que nos había pedido tantas y tantas tan desconcertantes), le pedí una pregunta con la que entrevistar de forma coral al filósofo y antropólogo Tomás Pollán, alguien a quien él admiraba y apreciaba y a quien había entrevistado o intentado entrevistar en alguna ocasión. Después de una larguísima gestación, la entrevista finalmente salió publicada en el número 40 de la revista Filosofía Hoy.  Sorela preguntó lo que preguntaba para saber quién eras: “qué lees”. En versión personalizada y adaptada a las especiales características de Tomás Pollán. Incluyo la pregunta y la respuesta en esta entrada.

Quiero dejar constancia también en este blog de todo lo anterior, de ese último intercambio que se ha convertido en el último recuerdo del mejor y más querido profesor. Y que valga de despedida, de cierre y un poco menos de homenaje. Y ¡mierda! no haber hecho homenajes como el de hoy y publicaciones como esta antes. Y sobre todo ¡mierda! no habérselo dicho antes, no habérselo dicho nunca. Perdón por el exabrupto final, pero bueno, ahora, si queréis –y gracias a él–, os lo puedo repetir de cinco maneras distintas.


En aquella entrevista donde preguntaban a Tomás Pollán, entre otros, Javier Sádaba, Juan Aranzadi, Enrique Lynch o Javier Rodríguez Marcos, Pedro Sorela sugirió:
Yo le preguntaría qué libro de literatura le gustaría escribir, o haber escrito de los ya existentes. Y si ese sí lo publicaría.
Y Tomás Pollán le respondió con una especie de lista como esa que algunos de los alumnos de Pedro Sorela aún guardamos. El filósofo le dijo: Por suerte el libro o, mejor, los libros (no puedo referirme a uno solo) de literatura que me hubiera gustado, y no es necesario decir que nunca hubiera podido escribir, ya están escritos y publicados y todo el mundo los puede leer y disfrutar, y, por eso mismo, no me preocupa no ser capaz de haberlos escrito: Edipo Rey, la Divina Comedia, Los Ensayos de Montaigne , Macbeth, el Tristram Shandy, Bouvard y Pécuchet, Informe para una Academia de Kafka, El Tiempo recobrado de Proust, algunos poemas de Trakl y de Celan, etc., etc.   

 

Publicado por

Pilar Gómez Rodríguez

Hago Filosofía&Co: filosofía en la compañía de quien se quiera pasar por www.filco.es. Anteriormente fui redactora jefe de la revista "Filosofía Hoy", a la que vi nacer y morir... También colaboro con otras revistas como “La aventura de la Historia” o “Descubrir el Arte”. Y soy escritora. He publicado los libros de relatos "Siete paradas en el país de las sombras", en Edaf; "La carretera de los perros atropellados" en Xorki; y la novela "La otra vida de Egon", en Gadir.