Del mismo modo que hace años se preguntaba una canción a dónde iban los besos que no damos, el autor de este ensayo, Giorgio Van Straten, intenta saber qué pasó con algunos libros no escritos o no publicados: no nacidos, en cualquier caso, pero sí “pensados, ansiados y soñados”. Esta es la historia de un rastreo por las pistas que dejaron ocho autores sobre sus libros perdidos.
Las palabras de la ira
Estas son las redactadas para expulsar al díscolo filósofo Baruch de Spinoza de su comunidad, de la religión judía en el siglo XVII (1656). Destilan un odio vibrante, expansivo y fulminante que viaja a través de los siglos componiendo un destilado de todo lo peor de lo que son capaces las religiones cuando se creen «la única» o «la buena».
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Niños (menos) felices
Se acaba de terminar la (feliz) Navidad con la apoteosis final de regalos y sonrisas infantiles que dejan los (felices) Reyes. Se supone que es la fiesta de los niños (felices). Qué felicidad. Sigue leyendo Niños (menos) felices
Franz, un tipo (casi) normal
Afirmar que Kafka no era kafkiano se ha vuelto en los últimos tiempos tan común como lo contrario, afirmar que sí lo era. Una variante que suele acercar ambas posturas consiste en agarrarse a diversas patologías, neurosis o trastornos para explicar su vida y su obra. Y lo fantástico es querer y poder seguir buscando, elaborando y extrayendo más hipótesis de ese pozo inagotable, profundo, misterioso…
David Hume, naturalmente optimista
Buscaba la fama –lo decía abiertamente– e invocó a la posteridad desde su mismo epitafio. David Hume fue un pensador libre, valiente y generoso que vivió con la mirada puesta en el futuro.
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